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Notas

 

Contado sin apasionamiento (XVI)


Viento y lluvia como fenómenos atmosféricos desagradables para el ánimo del músico Gonzalo. La injerencia de esos agentes en la actividad de las musas un día de concierto le provocaba desazón. No es que Gonzalo fuera supersticioso a extremo de obsesión, pero como cualquier humano con momentos de protagonismo tenía sus manías y sus preferencias, a veces confesadas a los íntimos.

    Todo estaba preparado en Palacio, un local con solera, amplio y confortable para el público y los artistas, dos horas antes de la actuación suficientemente difundida por los cauces habituales.

    Voy a calentarme las manosanunció Gonzalo a su llegada.

    Y desapareció en su camerino previa visita al aseo de los intérpretes.

    ¿Necesitas algo? ¿Te apetece alguna cosa?

    Eran preguntas rituales emitidas sin inflexión de voz y rostro impasible, aunque con interés profesional, por la boca y los gestos de los organizadores en tarea asistencial; aquella noche la encargada de preocuparse por las exigencias de los artistas era Rocío, una paciente conservadora de las especies protegidas.

    A ver...

    Limítate a soltarlo, no quiero que lo pienses; eso me altera el programa.

    ¿Y te perjudica la salud mental?

    La higiene mental, pianoforte. ¿Estás servido o tengo que servirte?

    Gonzalo absorbió el aire del camerino y pocos segundos después, con la mirada trapecista, exhaló una ráfaga de viento mudable.

    Me vendría bien...

    Rocío, que ya había revisado el santuario con diligencia antes de ser ocupado, se anticipó al deseo.

    Y a mí. Pero las cosas son como son y cuando ya no cabe añadir un elemento extraño supone desbordar el recipiente. Recuerda.

    Recuerdo. Salir antes de entrar.

    Exacto: sacar antes de meter.

    Los dedos de Gonzalo estaban a punto para bailar sobre el teclado y sus extremidades inferiores prestas para accionar los pedales. La noche de estreno podía ser mágica.

    Un tópico.

    La puerta del camerino se abrió dando paso al segundo del dúo.

    ¿Ensimismado con la nota fantasma?

    ¿Tanto se me nota?

    Marcelo sacó la bruñida trompeta de su estuche aterciopelado. Tocaba admirablemente también el saxofón y el clarinete, y los demás instrumentos de la familia aérea, como él los llamaba cariñosamente.

    Músicos y amigos, bastaba una señal para entenderse.

    Vale.

    Listo.

    Iban a presentar una obra para dos instrumentos solistas y dos estilos complementarios desde la identidad diferenciada; con margen para la improvisación en el apéndice dedicado al público adicto.

    Vamos allá.

    El inicio fue bueno y el desarrollo mejor.

    Y asombroso a ojos de Gonzalo. La música que a él correspondía, proyectada por manos y pies, funcionaba con precisión y calidez; pero al otro lado de la frontera racional, sus sentidos percibían y captaban unas facciones emanadas del instrumento, desde los reflejos del piano instados por las luminarias en el escenario a una comprensión que pugnaba por entremeterse, indelicada y egoísta, en una parcela ajena y decisiva para la estabilidad económica y los proyectos.

    "¿Quién eres?"

    Una cara femenil surgida de un misterioso progenitor, fugaz en su presencia pero consistente en la huella dejada.

    "¿Nos conocemos?"

    Un éxito. Los asistentes a la gala musical del dúo...

    ¿Cómo nos llamaremos? preguntó Gonzalo que no era un hacha con los nombres.

    ¿Cómo nos damos a conocer en el mundo del espectáculo?preguntó Marcelo con variaciones en su tono.

    Eso. Conviene bautizarnos para llegar al cielo.

    Para tocar el cielo, por supuesto.

    Uno más uno, uno y otro, uno con uno. La elección recayó en el impersonalismo de Uno y Uno.

    ... aplaudieron con gusto y ganas.

    "Dime quién eres y qué buscas."

    Rein, fiel seguidor, los felicitó. Había disfrutado del concierto.

    Objetivo cumplidodijo Gonzalo a Marcelo.

    Luego, pasada la euforia y el trato con la gente que se acercaba a compartir un rato de velada, Gonzalo describió a Rein la aparición del rostro fortuito.

    Una mujer.

    La había notado.

    Has conocido a muchas. Probablemente haya viajado a tu memoria por una asociación de ideas.

    He de pensarloaceptó Gonzalo.

    No te obsesiones.

    La fantasía perturbadora acompaña el trabajo con guiones; es cuestión de saber acotarla.       

Miguel Ángel Olmedo Fornas

¬ 06/03/2019