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Los caminos del viajero (15)

 

La ruta de la imaginación.

 

 

Llegado tan lejos no iba a conformarse con echar un vistazo.

    Cosa que, naturalmente, hizo para preparar el paso siguiente. Había tomado la decisión en mitad del abandono provocado de averiguar el habitáculo concreto, la especificidad, ubicada dentro de aquel lugar genérico tan apropiado para conservar arcanos, viejos secretos de ciencia empírica asilados a su refugio.

    La imaginación juega un papel importante en la configuración del misterio.

    Lo primero era informarse. Pero como nadie definido en carne mortal aparecía dispuesto a suministrar el conocimiento básico: por aquí, hacia allá, cuidado con los peldaños, frío, templado, caliente, atención al sonido hueco; ni tampoco una presencia etérea, fantaseada en las corrientes de aire, asomaba con un mensaje descifrable, de cartelería, trazo en superficie apta o susurro, Felio no tenía más remedio que ingeniársela con los procesos cognitivos de inducción y deducción.

    La elección que le quedaba consistía en partir de los detalles hasta el todo, de lo minúsculo a lo mayúsculo, o a la inversa, de grande a pequeño. Una elección difícil dadas las circunstancias de ignorancia y abandono.

    El supuesto de hallarse cerca, relativamente cerca porque el perímetro de trabajo investigador lo marcaba la casa, puede que también el cerco de jardín, incluso un rastro de cueva, un sendero perturbado por la naturaleza en estado salvaje, idea del patrocinador minuciosamente ejecutada, ayudaba a confiar en la percepción.

    Se palpaba el tesoro.

    Sin duda puesto a buen recaudo en un acertijo arquitectónico mudo y ciego de asesores. Pensaba en el factor ceguera por la impresión que le causara el hombre cuyos párpados sincronizaban con los de quienes cruzaban con él su mirada, un personaje principal en la trama que envolvía el reducto, un enviado leal y diligente de la autoridad encajada en su leyenda, extremo de linaje, dueño y fedatario de la casa enseñoreada por las sombras de objetos dispares de edad olvidada, con vida propia, concedida y adoptada.

    Prosopopeya narrativa al referir la aventura.

    Iniciada antes de pensarla.

    Y luego desarrollada con los elementos acordes que la visten de atracción.

    Una casa surcada por corredores, pasadizos y trampillas; surtida de habitaciones, dependencias y celdas; distribuida en pisos, con sótano y cripta, con alas, con buhardillas, desván y linternas de foco intermitente. Una casa de alcurnia hecha a victorias y a derrotas, a declaraciones de guerra y alianzas de paz retributiva.

    Devaneos. Presunciones.

    En su momento y por causa justificada, debieron habilitarse espacios en los muros, en los suelos y en los techos, disimuladamente, acertados en el despiste.

    Sueños. Fábula entretenida. Cuento de hadas y piratas.

    Felio se puso a conjeturar sobre las direcciones de entrada y salida que toman en la imaginación los misterios a ella acogidos.

Miguel Ángel Olmedo Fornas

¬ 04/07/2016