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El formato

 

Contado sin apasionamiento (VI)

 

Estaba muy cansado, le dominaba una gran fatiga y un espíritu burlón, relampagueante, se mofaba de su desconcierto. Gonzalo durmió profunda, pesadamente, arropado al límite de la asfixia por unos sueños encadenados a la contradicción.

    En uno de los sueños, ni temprano ni tardío, recibió una advertencia, clara, exacta. En otro de los sueños, cercano ya el despertar, interpretaba las composiciones que había dedicado a una mujer esquiva, en algún momento incorpórea, al siguiente deseada al tacto, a la que debía unas palabras.

 

En El Gatopardo sonaba la música de Gonzalo cuando entró Rein. Le hizo una señal con la mano al acto respondida con un leve gesto de cabeza. Al concluir la actuación fue a la mesa de Gonzalo.

    Desde entonces no sé nada de ella.

    Me gusta el argumento de la historia dijo Rein.

    A mí también me gustaría si no incidiera directamente en mi persona.

    Quizá pueda darle forma.

    ¿A ella? insinuó Gonzalo mirando la calle.

    Eso lo dejo para ti.

    Rein apreciaba posibilidades en la historia de fantasmas. Pero debía ceñirse a lo más inmediato y exigente: el guion del nuevo programa televisivo. Claro que, yendo un paso por delante, la inclusión de un espacio metamorfoseado por la intriga era una idea aprovechable.

    ¿A qué quieres darle forma?

    En la calle paseaba la rutina echando reojos a los escaparates. El mundo así visto se divide en dos mitades confluyentes, de fuera adentro y viceversa, con sus especificidades intercambiables.

    A una trama simple.

    Bajo una apariencia trivial, con tintes frívolos, la crítica penetra fácilmente la sensibilidad del espectador. Y despierta del letargo inducido.

    Rein desvió la mirada curiosa de Gonzalo hacia una pregunta.

    ¿Cómo vives tus sueños?

    En primera persona limitada.

    ¿Te permiten extraer conclusiones?

    Si te refieres a una deducción lógica de la película que me sirva, por ejemplo, para contártela, te diré que no lo sé, porque mis sueños transitan entre dos estratos oníricos con carácter reservado.

    ¿Libres de prejuicios? incidió Rein. Quiero decir si te condicionan con sujeciones una vez despierto o, por el contrario, te impulsan a cruzar fronteras y desvelar misterios.

    Gonzalo apuró su copa.

    Ni fuera de servicio descuidas los modos intelectuales rio.

    Tampoco tú difieres tu esencia artística.

    Qué sería de nosotros sin la peculiaridad

    Nos convertiríamos en víctimas propiciatorias para el pensamiento único y los planes de captación. Sumariamos en las audiencias mayoritarias.

    Rein propuso una permuta. A partir de un tema cotidiano, incluso de una figuración, y al hilo de un comentario con apostilla de pregunta, el mecanismo de la interacción clásica toma las riendas y abre camino.

    Gonzalo asintió.

    Cualquier indicio bastará para desencadenar una rebelión cívica.

    Hermoso es soñar.   

Miguel Ángel Olmedo Fornas

¬ 27/03/2016