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Esa otra realidad asomada un instante

 

Contado sin apasionamiento (V)

 

Aquella tarde Carlota celebraba una sesión de terapia filial por lo que dijo a Rein que no podía llevarle.

    Hay unos cuantos asuntos pendientes en mi ámbito familiar que requieren de tiempo y presencia activa. Hablamos en otro momento.

    Si una ventana se cierra es preciso abrir la ventana. Rein decidió telefonear a Gonzalo.

    ¿Qué te parece si vamos a El Gatopardo y tocas en su piano lo que has compuesto? Escuchar tu música en ese ambiente seguro que nos inspira.

    A la cuña radiofónica que debían presentar en una semana le faltaba un último impulso. Y al trabajo que reamente les ocupaba la cabeza y la iniciativa le convenía unas ráfagas de aire fresco.

    Allí te veo.

    Era pronto para salir y tarde para cerrar los ojos y volar donde la imaginación quisiera. Gonzalo se dejó caer en el sofá.

    "Ahora qué."

    Laura, es decir, Marga, o sea, la mujer que se apostaba tras un seudónimo y que él creía era la misteriosa Marga, le dio plantón; antes casi se lo había dado Rein, que se despidió a los cinco minutos por razones personales justificadas por la llamada del teléfono, y tampoco era imprescindible su concurso en Icono a diferencia del de Marga o Laura.

    "Qué lío más tonto."

La caja de chocolates Cadbury's le miraba con sorna, cosa incomprensible. ¿Por qué la burla? Si ella había rehusado presentarse a la cita no le cabía a él ninguna culpa; y si ella quería pero no podía, expresado así para reconducir la situación y el escenario, ¿cuál era su responsabilidad en la disyuntiva?

    Si seguía dando vueltas al tema se quedaría dormido.

 

En El Gatopardo ocuparon la mesa predilecta, entre el piano, a la derecha, y la barra. Las manos de Jaime, el veterano pianista contratado para amenizar sin interferir las horas vespertinas y los albores de la madrugada, todavía no acariciaban las teclas del paciente instrumento. Era pronto para él y la ocasión para mí ajena a los favores. Le dije a Paco que me lanzaba al ruedo, me hizo un par de solicitudes y me puso delante la cerveza de rigor.

    Empezaré con lo tuyo, Paco.

    Una deferencia hacia el amigo y propietario. Primer compás, avanzó en la melodía... y la presintió. ¿Casualidad? ¿El destino?  No supo a qué atenerse.

    "Vaya..."

    Marga entró, vio y se sentó, ni cerca ni lejos, ni atenta ni distante.

    Sí, Rein, yo estaba pendiente de esa figura conocida que observaba con el rabillo del ojo. 

    Me levanté a saludarla y la invité a sentarse con nosotros. apostilló Rein.

    Gonzalo quiso convencerse de que la aparición se debía a un azar mágico, digamos que a un espíritu benefactor pero juguetón, pues él no podía dejar su concierto y Rein debía sostener una espera que se le haría larga. Una, dos canciones, las solicitadas por Paco, y a la tercera interpretó la música de la cuña con unas prolongaciones dispares que pensaba adaptar para el proyecto en curso. A lo mejor gustó su estilo temperamental-improvisado. Hubo aplausos al concluir y Gonzalo enfiló el camino de una mesa espejada por facciones difusas.

    Hola, Marga.

    "Hola, hola, hola" "Rein, dime, ¿por qué no me saluda? Rein, oye, ¿dónde se ha metido?

    Le recordó a una voluta de humo gigantesca, liviana y huidiza no obstante, frágil, atornasolada a través de los cristales, evanescente.

    Viste un espectro. Y yo veía a una mujer de carne y hueso sentada a mi lado a la espera de algo, una persona, un obsequio, una copa servida en un reservado.

    Gonzalo se frotó las sienes.

    Cruzamos una mirada tú y yo, y como movidos por un resorte salimos a la calle y la buscamos en el escaparate.

    No exactamente. Rein fue tras Gonzalo, atento a los tropiezos, cuando éste salió en busca de Marga, de Laura, de una mujer intuida, al otro lado de la realidad.

    ¡Tú la has visto!

    La he visto confirmó Rein . La estoy viendo.

    ¿Dónde?

    Rein señaló discretamente acera adelante.

    Junto a esa farola. Está mirando hacia aquí.

    Gonzalo respiraba profunda, lentamente, confundido, cegado por las dudas.

    Quiero despedirme de ella... Pero antes tengo que saber quién es.

Miguel Ángel Olmedo Fornas

¬ 30/01/2016