Esunmomento.es - Espacio de Miguel Ángel Olmedo Fornas,...

esunmomento.es

Estás en... Expresión > Narrativa

Balance de la convivencia

 

Contado sin apasionamiento (III)

 

La fidelidad es un indicativo adecuado para evaluar la consistencia de una relación. Respecto a Gonzalo, la fidelidad por él confesada era la prueba de cargo en la que sustentar su emparejamiento con Isabel.

    Ha sido una esposa..., como una esposa..., como un símbolo.

    A la que había explicado incluso con detalle sus escarceos amorosos, sus aventuras románticas y sus descargas de tensiones.

    ¿Todo?

    Sí, todo.

    Rein asintió asombrado y le felicitó.

    Dice mucho en favor de ella. Y de ti. Está claro que ella te importa y también lo que opine sobre ti.

    Mucho. Y ahora más que nunca.

    Tienes un problema, ¿verdad?

    Tengo un problema.

    De un día para otro, sin que Gonzalo advirtiera los síntomas, la distancia empezó a ocupar espacio entre ellos. Hasta que Isabel le dijo abierta y directamente que la relación había cumplido su ciclo vital.

    Me dejó tal cual.

    Algún motivo aduciría.

    Parece que yo no era consciente del deterioro, del declive, de la cuesta bajo, de la intromisión de un factor determinante en nuestra vida común.

    Calló, bebió largamente y se rascó el cuello y la cara sin afeitar. Rein le apremió a darle nombre.

    Más de uno, Rein.

    Suele pasar que las causas modificadoras de cualquier situación exceden de la unidad.

    Apuró su bebida y se arrellanó en el sofá.

    Me falta madurar, me sobra cháchara, me falta compromiso, me sobra ensoñación, me falta actitud responsable, me sobran excusas, me falta definición y..., por concluir, me sobra apatía y me paso de egoísta ante los conflictos de intereses -contó de carrerilla ayudado por los dedos.

    Rein no disimuló su sonrisa.

    Perspicaz tu novia perdida. Te ha desnudado en un dos por tres antes de llegar a mayores. Quizá te está probando.

    Gonzalo afirmó con la cabeza.

    Eso creo.

    Se daba cuenta de que la necesitaba. Mal asunto. Una cosa es lamentar el final de una historia a la que no se deseaba poner el punto y final y otra, muy distinta y acusadora, admitir que la compañía se había convertido en muleta multiusos.

    Tampoco es eso -protestó Gonzalo-. Yo me refiero a que se echa de menos lo que ya no se tiene. Eso es lo que siento, así de simple.

    Lo positivo del asunto es que te mueve a la reflexión.

    Día y noche desde que se ha ido.

    Las últimas fases de la convivencia registraban ausencias físicas más dilatadas y un incremento de las discusiones con propósito de ganar por encima de convencer. La pugna de razones llevaba a la lucha de argumentos, peregrinos y cogidos por los pelos no pocos, por ambas partes. Isabel no aceptaba retroceder en territorio conquistado, y Gonzalo no entendía el establecimiento de límites: aquí esto, allá aquello. Saltaban chispas de oposición donde antes emergían afectos y comprensiones.

    ¿Por qué se producen los cambios tan repentinamente?

    Hay cambios que tardan una eternidad en manifestarse.

    Sí, bueno. Y con los ojos vedados además de preservar las alteraciones cardiacas te estrellas a la primera curva.

    Rein trataba de imaginar la relación de puertas adentro.

    ¿Os queríais? ¿Estabais enamorados? ¿Cuál era vuestro sentimiento de cabecera?

    Gonzalo dio un respingo, frunció los labios, abrió la boca y paseó su mirada por el techo.

    Voy a pensarlo.

 

Isabel ignoraba sus llamadas telefónicas; era su manera para convencerle de que ya no había comunicación que les uniera. Mejor dejarlo correr y a otra cosa, mariposa. Pero Gonzalo no arrojaba la toalla por un contratiempo, o un malentendido como el suponía. Entonces optó por el correo, el convencional y el electrónico, con idéntico resultado: ella no atendía las misivas, de cuestionable calidad literaria pero notable extensión, un sacrificio para él, ni los mensajes.

    Se había olvidado de él.

 

El tiempo no detiene su curso ni por ruegos ni por negocios. Su paso sanador, médico de indulgencias y clausuras, cura de antiguos interrogantes que en su momento pesaron y exigieron respuesta; aunque, de abrirse, como nunca estuvieron por completo sellados en su contenedor, los devuelve a la palestra con nuevos añadidos en la interpretación.

    Una casualidad -supuso Gonzalo-. Estaba navegando por la red, no recuerdo con qué intención, y al cabo, quizá atendiendo a un canto de sirena, me metí en el chat del que ya te he hablado, y como si mis manos no las guiara yo y mis ojos obedecieran a una voluntad superior, busca que te busca sin saber qué estaba buscando encontré el vínculo a su espacio. ¡Vaya casualidad! Era ella, Rein. Pese a que se había registrado con un seudónimo, Laura, las fotos expuestas no podían engañarme.

    ¡Emocionante!

    No anduvo listo. Se registró con su nombre y sus atributos, le mandó un saludo, esperó impaciente, nervioso y nada. Silencio. La consabida ausencia de ayer. Insistió. Reiteró los saludos, las frases amables, las pequeñas anécdotas que hacen diferente la vida con relación a la de nuestros semejantes. Nada. La tal Laura actuaba como una doncella preservando su intimidad.

    Seguramente te leía.

    No me cabe duda. La curiosidad es una fuerza irresistible. 

Miguel Ángel Olmedo Fornas

¬ 18/10/2015