Esunmomento.es - Espacio de Miguel Ángel Olmedo Fornas,...

esunmomento.es

Estás en... Impresiones > Sentidas

Servicio esmerado

 

 

Ha llegado el esperado tras un azaroso viaje. La esperada ha llegado de su previsto viaje. Los dos han llegado al punto de encuentro, quizá sin saberlo, a hora parecida, en condiciones similares.

    Puestas las miradas en ellos sin que la inmediatez los atosigue.

    Diligencia en el cumplimiento del deber. Ante todo profesionalidad y eficiencia.

    Obren como saben y deben los serviles instrumentos de la apariencia.

    Acudan prestos los serviles y rehabiliten las fisonomías que los trayectos prolongados ajan, debilitan, ensombrecen.

    ¡Quién fuera él!, quizá piense el atento servicio.

 

François Girardon: Apolo servido por las ninfas de Thétis.

François Girardon: Apolo servido por las ninfas de Thétis (1673). Palacio de Versalles, Francia.

 

¡Quién como ella cautivase!, quizá suspire la devota atención.

 

Hugues Taraval: El aseo de Venus.

Hugues Taraval: El aseo de Venus (s.XVIII). Museo de Bellas Artes de Moscú.

 

Dioses mundanos parecen, asequibles, conmovidos a veces. Él observa la mano que le pertenece por agua limpia rociada, al final del brazo, extremidad cincelada con arte; ella observa el fiel reflejo de la imagen perfecta, lo más perfecta que estime y aplauda el juicio del prójimo, delineada con mimo. Él recuesta su apolínea figura y decide que lo merece, que merece cuanto de placentero y redimidor de míticas fatigas, de legendarias aventuras, de anuncios fabulosos, los serviles le dispensan; ella, altiva y galana, hermosa y admirable, recibe la caricia apasionada de los serviles alientos, la entrega del agasajo a la ofrenda.

    Nada malo hay en admirar la belleza, en venerarla y servirla para que crezca y contagie; o, desde la modestia de una aspiración mayúscula, para que tales bellezas iluminen los caminos soñados que sólo un divino privilegio, y una humana aceptación, recorren los cuerpos áureos en sus mágicos transportes.

    Caminos de fantasía, ideados por un sueño común, difundido y recreado a voluntad del narrador, de imposible cumplimiento, de maravillosa factura y grado embriagador.

    Cada cual a lo suyo: el mito a servir de ejemplo y el espectador a conservarlo indemne de vestigio mortal.

Miguel Ángel Olmedo Fornas

¬ 06/11/2014